Cada proceso creativo es distinto. En la creación de un personaje se suele considerar distintos aspectos del mismo: físico, emocional, personalidad, etapa de vida, relaciones, etc.
Personalmente muchos de mis personajes no han sido creados conscientemente, me explico: se empieza a formar una imagen en mi mente y, mientras la dibujo, voy juntando características básicas del personaje, desde cómo se ve, cómo es su voz, qué suele hacer... continúo en ese proceso hasta que de pronto ya tengo la base. Luego busco puntos en común con otros personaje preexistentes en mis historias, veo si algún universo o mundo sintoniza especialmente con él, si no es el caso entonces me veo en la obligación de hacerle uno nuevo.
Y así como en su creación e historia ponemos pequeñas porciones de nosotros mismos, también plasmamos en ellos características de otros con quienes nos hemos encontrado: personas que han tenido impacto en nuestras vidas (bueno o malo), que nos causan curiosidad, que nos han sacado una risa, etc.
Entonces, entre los destellos de reflejos propios y ajenos, el propio personaje va manifestando su propia personalidad. Sí, salieron de nuestra mente, y aparentemente están ligados a nuestra voluntad. Pero llegan a tener tanta carga emocional, cada relación particular con los arquetipos universales, que a veces parece que cada uno decide por dónde permiten llevar su historia.
De pronto, en un escenario de batalla no me veo capaz de hacer volver a un joven para ayudar a sus seres queridos a escapar, porque está aterrado, no tiene fuerza ni habilidades que le puedan ayudar a sobrevivir, y en ese escenario seguramente morirá. Pero el joven no quiere morir y, de una manera inexplicable, lo hace saber.
Entonces su historia cambia, porque así lo ha decidido él. Pero la historia general continúa, porque igual que en nuestro plano, los hechos no se detienen, y así como el joven elige, los otros personajes de su mundo también.

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